EL TAMAÑO SÍ QUE IMPORTA…

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El pasado mes de septiembre, la Sección Tercera de la Audiencia Provincial de Castellón ha anulado una cláusula de un contrato bancario con base en que la misma estaba redactada en caracteres tan pequeños que resultaban prácticamente ilegibles, siendo necesaria una lupa para su lectura.

Tal es el tenor literal del Auto dictado por dicha Audiencia, que admitía a trámite la demanda de una entidad bancaria contra un cliente por el impago de las cuotas de la tarjeta de crédito de la que era titular.

La Audiencia limitaba igualmente las pretensiones de la entidad financiera, al permitirle reclamar exclusivamente el principal de la deuda y no así los intereses, argumentando precisamente que la cláusula en que se fijaban éstos últimos estaba redactada con una tipografía tan reducida que para su lectura no bastaba con el uso de unas gafas, sino que se requería una lupa.

El citado Auto incide además en que la cláusula general del contrato que fijaba el interés remuneratorio no superaba el necesario control de transparencia, puesto que dicho interés se fijaba en una cláusula que estaba situada en el reverso del contrato (sin firmar por el demandado), siendo tremendamente difícil su lectura por el tamaño de los caracteres empleados que hacían necesario el uso de una lupa, y, siendo además de difícil comprensión para cualquier adherente medio debido a que empleaba conceptos y fórmulas matemáticas complejas.

La Audiencia aplica de este modo la doctrina jurisprudencial contenida en las sentencias de la Sala de lo Civil del Tribunal Supremo de fechas 9 de mayo de 2.013 y 24 de marzo de 2.015, en las que el Alto Tribunal declaró que el control de transparencia, como parámetro abstracto de validez de la cláusula predispuesta, (…) tiene por objeto que el adherente conozca o pueda conocer con sencillez tanto la «carga económica» que realmente supone para él el contrato celebrado, (…), como la carga jurídica del mismo, (…)

Por lo que es preciso que la información suministrada permita al consumidor percibir que se trata de una cláusula que define el objeto principal del contrato, que incide o puede incidir en el contenido de su obligación de pago y tener un conocimiento real y razonablemente completo de cómo juega o puede jugar en la economía del contrato.

“Por tanto, que las cláusulas (…) se redacten de manera clara y comprensible no implica solamente que deban posibilitar el conocimiento real de su contenido mediante la utilización de caracteres tipográficos legibles y una redacción comprensible, objeto de incorporación o inclusión. Supone, además, que no pueden utilizarse cláusulas que, pese a que gramaticalmente sean comprensibles y estén redactadas con caracteres legibles, impliquen una alteración del objeto del contrato o del equilibrio económico sobre el precio y la prestación, que pueda pasar inadvertida al adherente medio».